La IA no necesariamente destruye ocupaciones, sino que reconfigura paquetes de tareas alterando la topología de la red que soporta los mercados laborales. |

Por LEONARDO MARTÍNEZ FLORES

En la columna anterior mencionaba que la mayoría de las ideas y preocupaciones sobre los impactos que la inteligencia artificial (IA) tendrá sobre los mercados laborales surgen de visiones lineales, muy tradicionales, del funcionamiento de la economía. Un ejemplo claro de ello es el énfasis que se pone sobre la eliminación de trabajos actuales por la automatización que permite la IA. Muchos organismos internacionales y consultoras dedican sus recursos a estimar probabilidades de automatización para las ocupaciones actuales, llamando la atención sobre aquellas profesiones que, de acuerdo a esos enfoques, corren mayores peligros de desaparecer. Para no repetir los argumentos de la columna anterior, sólo diré que estos esfuerzos se centran en lo que le puede pasar a algunos árboles específicos sin considerar las profundas transformaciones que está viviendo el bosque en conjunto.

Mi punto en estos temas es que la IA no necesariamente destruye ocupaciones, sino que reconfigura paquetes de tareas alterando la topología de la red que soporta los mercados laborales. Desde esta perspectiva (retomo de nuevo algunas observaciones de la columna anterior) el mercado laboral se asienta sobre una red dinámica de ocupaciones conectadas por habilidades específicas. Los trabajos del futuro se formarán por nuevos paquetes de habilidades, algunas existentes y otras que habremos de descubrir en el futuro próximo.

Este panorama coloca de inmediato a los planes de estudio vigentes en la sección de los anacronismos. Esas largas listas de materias obligatorias, muchas veces dispersas e inarticuladas, que tuvimos que cursar para que nos pudieran contratar como ingenieros, abogados, contadores o economistas (lo cual se aplica tal cual para cualquier otra carrera) ya son, en los hechos, inútiles para insertarse en la dinámica que están tomando los mercados laborales.

El riesgo que corremos como profesionistas no es solamente perder el empleo, sino que no podamos brincar a otro en el mismo sector o en otro diferente. Y aquí hay mucho que decir porque si bien la revolución que está generando la IA nos vuelve a todos más vulnerables, los riesgos que enfrentamos dependen también de muchos otros factores que escapan del control personal de los trabajadores. Algunos de esos factores tienen que ver con la estructura productiva de cada país, con la flexibilidad del marco legal, con la agilidad de respuesta y de adaptación del sector educativo, y con la apertura y disposición del sector privado para modificar su cultura empresarial.

Si nos quedamos con la idea que promueve el pensamiento lineal de usar a la IA como herramienta para mejorar la productividad, reducir costos y aumentar el control y la supervisión, sin tratar de entender cómo se están transformando las cadenas productivas, permaneceremos en un estado de alta vulnerabilidad y grandes riesgos de observar desempleo creciente.

Pero si México adoptara políticas que favorezcan el desarrollo de su complejidad económica, esto es, de promover el aprendizaje de habilidades que puedan ser reempaquetadas para realizar los trabajos requeridos por los nuevos procesos y cadenas productivas, así como construir los puentes organizaciones y legales que permitan transitar entre empleos con base en ese reempaquetamiento y no en títulos y diplomas anacrónicos, entonces se estarían fortaleciendo los enlaces de la red que sustenta los mercados laborales. En la práctica eso facilitaría la movilidad laboral, la reinserción en sectores que demanden nuevas habilidades y la economía podría incrementar su resiliencia ante choques tecnológicos.

Para lograrlo necesitamos empezar por algunas cosas básicas, como realizar diagnósticos del ecosistema educación-trabajo mapeando a los trabajos con base en las habilidades y competencias que requieren, no con base en los títulos tradicionales; identificar y habilitar los puentes necesarios para facilitar las transiciones intra e intersectoriales; valorar la utilidad que representa la adquisición de microcredenciales y la importancia de certificar habilidades que sean fácilmente transferibles entre diferentes posiciones de las nuevas cadenas productivas; reconceptualizar los sistemas de incentivos para todos los actores, de manera que se alineen para avanzar en la redefinición de los mercados laborales; asegurar la aplicación de mecanismos de aprendizaje y capacitación permanentes; y una nueva política laboral y social flexible que entienda las nuevas definiciones del trabajo, que no inhiba la creación de los nuevos empleos, que permita la portabilidad de derechos en el nuevo ecosistema y que reconozca y apoye la flexibilidad laboral para proteger la seguridad social de todos los trabajadores.

 

Leonardo Martínez Flores

@lmf_Aequum

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