Impulsora de la productividad, la creación de empleos, la competitividad y la innovación

La transformación digital es un fenómeno que involucra directa o indirectamente a todos los miembros de la sociedad. Es el motor de la nueva revolución industrial 4.0 basada en la hiperconectividad, la automatización, el aprendizaje continuo de habilidades digitales y el aprovechamiento de los datos en tiempo real.

Es un factor crucial en los nuevos procesos de creatividad e innovación, y tiene las capacidades necesarias para convertirse en la palanca de la recuperación económica y para contribuir en la construcción de un modelo de desarrollo que ayude a reducir las desigualdades económicas y sociales.

Es también una herramienta muy poderosa para que todos los sectores de la actividad económica avancen por una senda de productividad y competitividad por la que ya no se puede evolucionar con los factores tradicionales del mundo analógico.

Los alcances de la transformación digital y el uso de las TIC van mucho más allá de proveer servicios a los usuarios finales, pues se trata de componentes de la infraestructura básica del país, elementos necesarios para el desarrollo económico, la integración regional, la modernización y el impulso a la competitividad del país.

En su calidad de infraestructura básica y como parte de los servicios conexos con los que cuenta el país, las TIC son insumos productivos para procesos industriales, para los sectores primario, secundario y terciario. Permiten también mejorar el alcance y el impacto social de servicios públicos esenciales como la educación, la salud, el transporte y la administración de justicia.

El ecosistema digital acelera la innovación, incrementa la productividad, mejora la competitividad y genera empleos. También provee canales que propician la inteligencia colectiva, que permiten la existencia de liderazgos horizontales y colaborativos, así como las condiciones necesarias para potenciar la innovación disruptiva. 

Desde mucho antes de la pandemia, América Latina y México se han estado rezagando en términos de productividad. Se ha ensanchado la distancia entre nuestras economías y el promedio de la OCDE y más aún respecto de los países asiáticos. Esos prolongados rezagos son un síntoma de que el modelo de desarrollo seguido no ha dado los resultados esperados, lo cual es una razón adicional por la que la transformación digital debe ser considerada prioritaria, como un motor de la adopción tecnológica que se acompaña de una dinámica virtuosa de innovación a partir de la renovación de procesos, prácticas organizacionales y enfoques.

El aumento de la productividad debe ser un objetivo prioritario de política económica y social para inducir la recuperación hacia una sociedad más próspera e incluyente que genere mejores oportunidades para todas las personas, incluyendo a todo tipo de empresas sin importar el giro o el tamaño de las mismas. La transformación digital es la herramienta más poderosa para incrementar la productividad en todas las empresas.

Sabemos que la penetración del internet incrementa el producto interno bruto, la productividad y el empleo, lo que confirman, entre otros la CEPAL [1], al encontrar que la productividad por trabajador crece con la madurez digital de los países.

Las telecomunicaciones son estratégicas para la digitalización de todo tipo de actividades, pero, además, la dinámica de este sector empuja al resto de la economía debido a su efecto multiplicador, relacionado con el papel que tiene en la transformación digital del resto de los sectores.

La pandemia evidenció la importancia de la digitalización, pero también la mayor fortaleza, capacidad de reacción, innovación y adaptabilidad de las economías con menores brechas digitales.

El ecosistema digital ha sido esencial en el combate de la pandemia y para reducir sus impactos sociales y económicos. En el contexto internacional fue clave para coordinar los esfuerzos que llevaron a la elaboración, pruebas, producción y distribución de vacunas contra el COVID 19 en tiempos récord. Dentro de los países, fue de enorme utilidad para difundir información sobre el desarrollo de los contagios y las medidas de prevención y salud pública, así como para coordinar los programas nacionales de vacunación.

La digitalización también fue el factor que permitió que el sistema educativo, muchos trabajos, los servicios bancarios y los servicios médicos continuaran funcionando y pudieran realizarse de manera remota.  Con ello se pudieron limitar las interacciones físicas y por tanto reducir contagios, en la medida de la inclusión digital de cada país. 

Las TIC también permitieron la colaboración científica y diplomática a distancia, incluyendo la recopilación de datos para dar seguimiento a la evolución del virus en todo el mundo. 

Sin embargo, mientras la tecnología se volvió más relevante, las brechas expusieron la vulnerabilidad de las poblaciones poco digitalizadas. Por ejemplo, los grupos menos conectados no pudieron acceder a información sobre medidas de prevención, servicios públicos, atención médica, y compra de suministros básicos a distancia sin exponerse al contagio. Igualmente, contribuyó al rezago económico y educativo de poblaciones que no pudieron trabajar o estudiar de manera remota, que perdieron fuentes de ingresos y se vieron forzadas a asumir mayores riesgos de contagio.  

Esto se suma otras carencias que ya afectaban a los mismos sectores marginados, y contribuye a un círculo vicioso donde las brechas digitales se generan a partir de brechas económicas, de género, de educación, pero todas ellas se retroalimentan.  En momentos de crisis, estas inclusive se amplían y dificultan poner en marcha procesos de recuperación económica sostenible.

La transformación digital es una herramienta poderosa para abatir las brechas que existen dentro de nuestro país, pero también las que nos separan del resto del mundo.  La falta de digitalización nos rezaga en términos de productividad, nos resta competitividad en muchos mercados y restringe la capacidad de atraer inversiones que crean empleos. Pero también limita nuestra capacidad de respuesta y adaptación ante fenómenos inesperados.

La brecha digital impacta negativamente el crecimiento económico y el desarrollo social del país entero, no sólo a las y los desconectados del ecosistema digital. Por eso, debemos ver a la inclusión digital como un elemento estructural y crítico de nuestra capacidad de recuperación y desarrollo sostenible en el largo plazo.

Para construir economías y sociedades más resilientes, tenemos que construir modelos de recuperación con inclusión. No podemos crecer de forma sostenible sin igualdad.

La recuperación incluyente significa una revolución completa de los enfoques tradicionales hacia el desarrollo y el crecimiento económico. Se trata de entender que el cierre de las brechas, particularmente la digital, no debe verse como un resultado colateral afortunado de los planes de reactivación económica, sino como uno de sus motores centrales. 

El cierre de la brecha digital induce la disminución de otras brechas, lo que contribuye a la recuperación de sectores fundamentales que generan valor social, como el educativo, el de salud y el empleo, por lo que tiene la potencia de generar círculos virtuosos de inclusión, crecimiento y desarrollo sostenibles para el largo plazo.

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[1] CEPAL, eLAC 2022, Naciones Unidas (2021). “Tecnologías digitales para un nuevo futuro”, con datos del Banco Mundial. https://repositorio.cepal.org/bitstream/handle/11362/46816/1/S2000961_es.pdf

 

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