Catalizadora de la democracia, la libertad de expresión y la pluralidad

Los espacios digitales son la nueva ágora de interacción social y ciudadana. 

​​Uno de los aportes más trascendentales de internet es su potencial para ser una poderosa herramienta en la evolución y fortalecimiento de la sociedad democrática, especialmente en relación con el acceso a la información, pues para que los ciudadanos participen activamente en la vida pública de sus comunidades tienen que ser capaces de tomar decisiones informadas.

El uso de internet y sus aplicaciones en la interacción ciudadana aumenta la transparencia de la vida pública; promueve la inclusión de sectores tradicionalmente marginados; contribuye a la formación de la opinión pública fuera de los canales institucionales habituales y sin la intervención de los medios tradicionales; permite que las personas estén más involucradas en los procesos políticos; y fortalecen los mecanismos de rendición de cuentas y  comunicación entre representantes políticos y ciudadanos, desjerarquizando la política y disminuyendo el poder de las élites.

Las redes sociales han creado nuevas oportunidades para la sociedad civil al permitir el surgimiento de movimientos en defensa de minorías tradicionalmente oprimidas e, incluso, han facilitado la conformación de nuevas formas de organización para incidir en la vida pública. Las redes sociales han dado voz a muchos debates que antes estaban excluidos de la agenda política y de los medios tradicionales.

Sin embargo, los mismos atributos del internet y las redes sociales que han permitido esos avances están poniendo a prueba los principios subyacentes a la democracia, tales como: confianza, diálogo informado, un sentido de realidad compartido, mutuo consentimiento y participación.

El modelo de negocio de redes sociales consistente en monetizar los datos de los usuarios y su atención ha generado fenómenos de polarización, viralización de información falsa, distintas formas de violencia digital y manipulación de la opinión pública, algunos orgánicos y otros deliberados, desembocando en consecuencias no previstas cuando fueron creadas.

Estos fenómenos llaman a fortalecer la gobernanza, la ética y la rendición de cuentas de las redes sociales, las plataformas digitales y otros actores del ecosistema digital.

Por otro lado, la centralidad del internet obliga a asegurar la inclusión digital para que todas las personas estén en posibilidad de participar, manifestarse, asociarse y expresarse libremente y que los espacios digitales sean plurales y representativos de la sociedad.

En este sentido, la adopción digital con perspectiva de género, de derechos humanos y de diversidad son vitales para la construcción de una sociedad democrática, plural, libre y participativa.

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